
La columna de humo negro subía hacia los cielos. Una nube densa de polvo descendía al nivel del suelo, bloqueaba la luz de lo que de otra manera hubiese sido un día límpido, perfectamente claro, en el Bajo Manhattan.
Lo impensable había sucedido.
Era martes, 11 de septiembre de 2001, y Andrés Barrilá despertó al ruido de un gentío clamoroso que pasaba debajo de la ventana de su apartamento, a unas 20 cuadras del Centro Mundial de Comercio (WTC).
"La noche anterior -cuenta Barrilá- había un clima terrible. Lluvia, relámpagos, truenos. El día siguiente amaneció soleado, pero me pareció extraño que la gente que pasaba por debajo de la ventana de mi apartamento repetía gritando 'Oh my God!, Oh my God!"

Me asomé a la ventana y vi gente corriendo, muy nerviosa, no entendí qué pasaba. Encendí la TV pero en ningún canal explicaban lo sucedido. Después de un rato llegaron las noticias: mostraban imágenes de la Torre Sur envuelta en llamas. Eran entre las 9:15 y las 9:20 de la mañana.
Sin pensarlo mucho, dice, "tomé cinco cintas de video y con mi cámara corrí bajando las escaleras y comencé a filmarlo todo, desde las calles Thompson y Watts. Hasta ese momento, aún creía que sólo se trataba de un incendio voraz en el Centro Mundial de Comercio".
A una velocidad de 440 millas por hora y cargado con 10,000 galones de combustible, el vuelo 11 de American Airlines se había estrellado contra la Torre Norte del WTC, creando un surco de destrozos que iba del piso 93 al 99. Sucedió a las 8:46 de la mañana.
Si hasta ese momento se creía que se había tratado de un mero accidente, el segundo choque no dejó duda: Estados Unidos estaba bajo ataque. A las 9:02, el vuelo 175 de United se impactó contra la Torre Sur, a la altura del piso 81. Aquellos que en la calle presenciaron el impacto estaban totalmente conmocionados y confundidos, al igual que los centenares que solamente habían avistado el edificio en llamas. Uno de ellos era Barrilá.
"Me di cuenta que ambas torres se estaban incendiando. Alguien llevaba una radio y los comentaristas de noticias ya hablaban de un ataque terrorista. Luego, alguien recibió una llamada informándole que el Pentágono también había sido atacado. La noticia se esparció entre la gente, todos comentaban y todos estaban muy preocupados. Nos rodeaba el miedo y la confusión".
El observar ese infierno lo dejó petrificado, dice el video aficionado venezolano. Tiempo atrás, Barrilá había filmado repetidamente todos los ángulos de las torres, incluso dentro de los elevadores, enfocando la lente de su cámara en el registro numérico electrónico de los pisos mientras ascendía a lo más alto de los rascacielos.
Barrilá siempre sintió afecto por Nueva York, la "Gran Manzana", dice, en donde vivió durante cinco años antes de retornar a su nativa Caracas. Se sentía especialmente impresionado por la infraestructura de la ciudad, particularmente por el WTC, uno de los simbolos más importantes de la metrópoli. Allí había llegado por primera vez durante unas vacaciones de adolescente en 1988. Eran tiempos felices para la ciudad que nunca duerme.
"Pasó media hora. Un amigo llegó adonde yo estaba con unos binoculares. Noté que la Torre Sur mostraba una gigantesca grieta. Ahora sé que era allí donde chocó el avión, y donde se había vertido el combustible que causó el fuego y el derrumbe del edificio, según nos dicen.
"Usando los binoculares también me di cuenta que lo que se caía de los edificios eran seres humanos. Muchos estaban tan desesperados que se arrojaban desde los pisos más altos de las torres. Solo después me di cuenta que había captado esas terribles imágenes con mi propia cámara.
"Otros testigos en las calles dijeron que habían visto que algunas de las víctimas se tomaban de las manos antes de arrojarse al vacío, a su muerte. Fue espantoso".

A las 9:58 de la mañana se derrumbó la Torre Sur. Exactamente 30 minutos después, le siguió la Norte. Barrilá fue testigo de ello con su cámara.
Pocos minutos antes, a las 9:37, el vuelo 77 de American Airlines se había estrellado contra el edificio del Pentágono. Y luego, a las 10:03, le tocó el turno al vuelo 93 de United Airlines, que cayó en un campo de Shanksville, Pennsylvania. Esa misma tarde, a las 5:20, se derrumbaba el Edificio 7 del Centro Mundial de Comercio.
"Lo que pasa es que nadie jamás imaginó que las torres se caerían. Yo estaba en un shock absoluto. Quien escuche puede oirme, en mi propio video, gritando a todo pulmón junto con otros. Es difícil describir mis sentimientos en esos momentos. No existen palabras capaces de hacerlo.
"Quizás porque hasta el último momento mantuvimos la esperanza; esperábamos que llegaran más bomberos para controlar los incendios, porque creíamos que todo se terminaría mas temprano que tarde. Pero no fue así. Hubo mucho dolor: por la gente que saltaba a su muerte, por los que todavía estaban allí, atrapados, quemándose, asfixiándose con el humo, aterrorizados, y nosotros sin saber qué hacer, cómo ayudar. Estábamos allí, observando, sumergidos en nuestro dolor, sin poder ayudar, sin poder hacer nada".
Entre las imágenes más vividas que Barrilá recuerda, son las de una joven que en la calle dibujaba las torres mientras eran consumidas por las llamas. También que la gente lloraba, que unos se arrodillaban, otros se mesaban los cabellos, se tiraban al suelo, corrían alejándose de las torres. Y que todos, absolutamente todos, fijando su vista hacia arriba, en lo alto de los edificios, posaban en total incredulidad. Fue el momento de más confusión en toda su vida, dice. Recuerda también los sonidos de los camiones de los bomberos, de las ambulancias, de los helicópteros que sobrevolaban.
"Un muchacho me dijo que su madre tenía que haber ido a trabajar aquel día al WTC pero por alguna razón no había ido. Estaba feliz".
Pasaron 10 años. Estados Unidos se enfrascó en la seguridad nacional y el poderío militar, lanzando y continuando las guerras en Irak y Afganistán, asuntos que se volvieron controversias polarizantes dentro del país. Para algunos, la mera presencia estadounidense en esas naciones es parte del problema. Y pese a tantos esfuerzos, no hay garantía de que el ataque no se repita.
Este domingo, múltiples ceremonias recordarán las casi 3,000 víctimas que fallecieron ese día, así como aquellos que han sido blanco del terrorismo en todo el mundo.
Y de vuelta desde su Venezuela, Andrés Barrilá visita Nueva York para la conmemoración de los eventos catastróficos que se suscitaron frente a sus ojos. Filmó videos de la ciudad y las torres antes, durante y después de los ataques, creando un gráfico testimonio de aquel día trágico. Su canal en YouTube ha recibido más de 1.5 millones de visitantes y sus videos del 9/11 han acumulado más de 4,400 comentarios hasta el momento.











Pero hay que observar las reglas: