
La libertad de expresión es uno de los derechos constitucionales que mejor caracterizan a las instituciones e historia de los Estados Unidos. Pero este derecho no es absoluto. Especialmente cuando es utilizado para denigrar, deshumanizar e incitar una campaña de ataques contra la oposición política.
Ese parece haber sido el caso de los locutores del programa The John & Ken Show, de KFI -AM 640, quienes en desacuerdo con Jorge Mario Cabrera, un líder comunitario latino que apoya el proyecto de ley AB131 ó California Dream Act, optaron por dar su teléfono personal a los oyentes. Una clara violación de su privacidad que abrió las puertas para llamadas de gente enfurecida que usó lenguaje abusivo e intimidatorio y hasta amenazas contra la integridad física de Cabrera.
"Recibí como trescientas llamadas en mi celular... Muchas de las llamadas eran de gente muy enojada y algunas amenazantes", dijo Cabrera que hace ocho años trabaja para CHIRLA, una organización latina sin fines de lucro.
Lamentablemente, este no fue un momento de descontrol ocasional de los locutores John Kobylt y Ken Chiampou. El lenguaje utilizado y la denigración del oponente son parte de un método que se usa consistentemente en este popular programa radial que atrae a más de un millón de oyentes por semana. Lo han usado repetidamente con la intención de destruir a líderes políticos como el gobernador Gray Davis y contra legisladores republicanos que han querido negociar con los demócratas.
"Esto rebasó el vaso", comentó Alex Nogales, presidente de la Coalición Nacional de Medios Hispanos, al LA Times. "Estos tipos han estado haciendo esto día tras día. Es la misma retórica desagradable".
El método que usan es simple. Implica un ataque inicial de las ideas del oponente sugiriendo que no tienen sentido. Pero el ataque no se limita al plano de las ideas sino que pasa a concentrarse en el oponente a quien denigran con insultos como "idiota", "traidor", "estúpido", "irracional", con la clara intención de deshumanizarlo y transformarlo en un objeto al que se puede, y se debe, atacar sin que se sienta remordimiento.
Pocas llamadas que recibió Cabrera expresaron su oposición de manera civilizada; la mayoría estaban repletas de insultos y caracterizaciones de "traidor", "ladrón", "basura". Otras proferían obscenidades y algunas advertencias amenazadoras como "espero que alguien te pegue un tiro en...". Todos estos mensajes, cargados de pasión y odio, tenían la obvia intención de desmoralizarlo, herirlo. Una llamada del condado de Orange se destaca por su intencionalidad malévola. Se trata de una mujer que, de manera casual y calma, felicita a Cabrera por el voto que seguramente aprobaría la AB 131. Después dice:
"Para celebrar esta victoria, lo que voy a hacer, después de haber vivido durante bastante tiempo en California y tener tres grupos de diferentes trabajadores hispanos que trabajan para mí en mi casa en diversos trabajos, los voy a despedir a todos mañana y nunca más voy a contratar otro. Gracias, que disfrutes".
La metodología del The John & Ken Show no es aislada sino que es parte de un fenómeno mediático que, en la última década, ha crecido considerablemente en Estados Unidos. Con voces ultraconservadoras como las de Rush Limbaugh, Sean Hannity, Glenn Beck, Anne Coulter, la derecha estadounidense ha conseguido popularizar su discurso político a través de radios y estaciones de televisión que, en gran medida, están asociadas con Clear Channel Communications y Fox Broadcasting Corporation. En ellas, pareciera que estos sujetos se sienten como profetas bíblicos que tienen la misión celestial de salvar a la nación a cualquier precio.
Esto implica una visión unidimensional, simplista, quasi religiosa, de la compleja realidad político-social; una visión que, entre otras cosas, no acepta a la oposición como otro sector de la sociedad política sino que la caracteriza como el enemigo. Esta demonización de la izquierda, demócratas, sindicatos, académicos, inmigrantes, feministas, medioambientalistas, progresistas, keynesianos, pacifistas, hace imposible todo diálogo político y conduce a un ataque virulento, insultante, para deshumanizar al "enemigo" de esa utopía ultraconservadora que, en última instancia, es una América blanca y anglosajona.
El The John & Ken Show y otros programas similares no son los primeros en darse cuenta de la importancia histórica de la radio como medio de propaganda ideológica. Joseph Goebbels, en las décadas de 1920 y 1930, usó la radio para promover al nazismo en una República de Weimar agobiada por la crisis económica y la desintegración política.
Tal era la importancia acordada a este relativamente nuevo medio de comunicación que la Alemania del III Reich subsidió la fabricación de un nuevo aparato radial, la Volksempfanger o "radio del pueblo" que, a mitad de precio que otros modelos de la competencia, permitió que la mayoría de las familias alemanas quedaran conectadas con los electrificantes discursos del Fhűrer que, en definitiva, condujeron al horror del Holocausto y la destrucción de la II Guerra Mundial.
Un ejemplo más contemporáneo del monstruoso potencial de este medio de comunicación se dio en Ruanda en donde, en 1994, los dirigentes hutus utilizaron la radio para organizar una campaña en contra de la minoría tutsi. A través de Radio Ruanda y Radio Télévision Libre des Mille (RTLM) se propagó un mensaje racista en contra de los tutsis, se los acusó de todos los males del mundo, se instó a su exterminio y hasta se dirigió algunas de las operaciones. En menos de 100 días, alrededor de medio millón de personas fueron asesinadas en uno de los peores genocidios de la historia moderna.
Que no quede la menor duda que John y Ken no son Goebbels ni tienen nada que ver con los genocidas de Ruanda, pero su utilización de la radio para desinformar y manipular con intenciones políticas, es más que cuestionable. En una democracia no se silencia lo que no nos gusta, pero la libertad de expresión, como en numerosas ocasiones lo estableció la Corte Suprema de Justicia, no es un derecho constitucional absoluto. Cuando el The John & Ken Show invade la privacidad de líderes comunitarios como Jorge Cabrera es evidente que se está cruzando una línea. El FCC debe investigar y se deben tomar las acciones administrativas correspondientes.
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Néstor Fantini, Ph.D. (ABD), es un educador y periodista argentino de Los Angeles. Actualmente es miembro electo del Northridge East Neighborhood Council, City of Los Angeles, y editor de la revista literaria La Luciérnaga Online (la-luciernaga.com).











Pero hay que observar las reglas: