
Para algunos comentaristas de la derecha conservadora, los participantes en Occupy Wall Street no son estudiantes, trabajadores, maestros y amas de casa sino que miembros de una conspiración siniestra. Rush Limbaugh, en su programa de radio afirmó que se trata de una campaña de "anarquistas" y "matones de sindicatos" que está organizada desde la Casa Blanca. Glenn Beck, en el O´Reilly Factor, en Fox News, dijo que es una conspiración comunista que tiene el objetivo de hacer colapsar la economía y controlar no solamente Estados Unidos, pero el mundo.
Una visita a Occupy LA (la variante local del movimiento que está acampado frente al City Hall de Los Ángeles), produjo una imagen totalmente diferente de este fenómeno político-social que surgió espontáneamente en Nueva York, en oposición a los excesos de Wall Street y a las desigualdades económicas que dividen a la nación, y que rápidamente se ha extendido a más de 70 ciudades de Estados Unidos y a otras partes del mundo.
"Yo estoy aquí desde el primer día", dice Rodrigo Vásquez, un latino de 27 años que estudia en LA City College y trabaja part-time para ayudar a su familia. "Me siento obligado a estar aquí por lo que está pasando en el país... los bancos y los ricos están cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres".
El sentimiento de Vásquez coincide con las conclusiones de numerosos estudios que muestran un constante crecimiento de la desigualdad económica en Estados Unidos. El economista Zhu Xiao Di, asociado con la Universidad de Harvard, ha presentado estadísticas que muestran que, en 2004, el 25% de los hogares más ricos del país controlaban nada menos que el 87% de la riqueza nacional.
Aunque en el colorido campamento de Los Ángeles se ven algunos carteles de organizaciones políticas, especialmente de izquierda, en general la mayoría de los participantes tratan de resaltar que esto es un movimiento sin fines partidistas y que es representativo de todos los sectores afectados por la peor crisis económica de los últimos 70 años.
"Este es un movimiento multiétnico y multiclasista", dice Jonathan Karpf que enseña antropología en San Jose State University y que estaba con un bullicioso grupo de profesores de la California Faculty Association. "Representamos a 99% de la sociedad".
Otro manifestante, Roy (que no quiso dar su apellido), es dueño de una casa, tiene trabajo estable y se define como clase media. Vino desde Pasadena con Helen, Jessica, y los dos hijos de esta última, de 8 y 9 años, con mochilas cargadas con todo lo necesario para lo que parecía más un día de picnic que una manifestación política. También tenían un rudimentario cartel casero que tenía escrito con crayón rojo una crítica a las corporaciones.
"Nuestro país está controlado por corporaciones y no la gente", dice Roy, mientras los dos niños de Jessica juguetean alrededor. "La Constitución fue escrita para que cada persona tuviera un voto pero ahora son los dólares los que determinan los votos".
Para Jessica fue importante llevar a los niños a la manifestación para que fueran parte, aunque brevemente, de lo que considera un momento histórico. Después de todo, dice, ellos ya están afectados con todos los recortes que se están experimentando en las escuelas.
"Es importante para mí traer a mis niños para demostrarles que hay que defender nuestras ideas", dice Jessica.
Cerca de la rotonda que se encuentra en medio del parque, se acaban de despertar dos jóvenes y recién salen de sus carpas. Son Jesse Dotson y Alex Weinshanker, ambos de 22 años. La experiencia es difícil ya que los dos trabajan y, todos los días, se tienen que levantar temprano e ir a sus labores. A la tarde vuelven al campamento.
"Yo crecí en una familia de clase media alta... la casa donde vivía está valuada en 1.5 millones de dólares, tengo un Volvo... Pero también he visto las injusticias que le hacen a esta gente...", dice Dotson. "Estoy aquí porque pienso que el sistema no funciona y debemos comenzar una nueva comunidad... que funcione con las premisas de cooperación, y ayuda y respeto mutuo por encima de competencia".
Anne Coulter, otra estrella de los ultraconservadores, también calificó a los participantes de este movimiento como "traficantes de drogas, criminales...". Comentando sobre la opinión pública estadounidense, Coulter le dijo a Sean Hannity que la mayoría de estadounidenses ven a Occupy Wall Street y Occupy LA con "hilaridad y repugnancia".
Coulter, Limbaugh, Beck y toda la derecha intransigente deberían analizar con más detalle a este movimiento antes de hacer calificativos completamente carentes de objetividad e insultantes. Evidentemente hay que padecer de ceguera política para negar que Occupy Wall Street, como su variante angelina, es espontáneo, multiclasista y representa una preocupación genuina de los trabajadores y las clases medias ante la peor crisis de nuestros tiempos. Al menos así piensa la mayoría de los estadounidenses como quedó reflejado en encuestas como la de Time/Abt SRBI, que concluyó que 54% de los encuestados tenían una opinión favorable de Occupy Wall Street.
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Néstor Fantini, Ph.D. (ABD), es un educador y periodista argentino de Los Angeles. Actualmente es miembro electo del Northridge East Neighborhood Council, City of Los Angeles, y editor de la revista literaria La Luciérnaga Online (la-luciernaga.com).











Pero hay que observar las reglas: