
Hay un dicho que afirma que la tercera es la vencida. Pero para el candidato presidencial Herman Cain ya es la cuarta y el muy testarudo todavía no quiere darse por vencido. Y esto no es broma, se trata de la cuarta mujer que lo acusa del serio crimen de acoso sexual.
Para mí, un liberal hasta la médula, es una verdadera decepción. Tenía la maquiavélica esperanza que la ascensión política del pizzero no fuese temporal y que, con un poco de suerte, terminaría siendo proclamado candidato del glorioso partido republicano.
Con Herman Cain como candidato presidencial, de acuerdo a mis cálculos, la reelección del presidente Barack Obama era más que probable. El electorado puede tener dudas de la capacidad de nuestro actual presidente en materia económica, la preocupación número uno en la elección de 2012, pero no pueden ser tan ciegos ante la opción Obama versus Cain.
Pero cómo salvarlo a Cain después de ésta. Las primeras tres mujeres que lo acusaron no tenían nombre y sus declaraciones a través de terceros eran ecos de eventos que habrían ocurrido en la década de 1990 cuando el ejecutivo lideraba la Asociación Nacional de Restaurantes (NRA).
Ahora estamos ante una mujer con nombre, Sharon Bialek, y con una historia explosiva en la que se describe cómo el hombre le puso la mano en la pierna "hacia mis genitales". Cuando Bialek protestó, Cain le dijo: "¿Quieres trabajo, no es cierto?"La desfachatez de Cain no parece ser un hecho aislado. No solamente están las cuatro mujeres sino que ex empleados de la NRA, como Chris Wilson, confirman que en el lugar de trabajo de Cain todo el mundo sabía sobre sus indiscreciones.
William Bennett, un respetado líder del partido republicano, ya ha sugerido que si Cain no tiene la capacidad de confrontar las acusaciones, tal vez sea hora que se retire de la campaña.
Las encuestas muestran claramente que Cain empieza a perder terreno político. Una del Wall Street Journal indica que la opinión desfavorable del hasta ahora líder en las primarias republicanas creció del 18% al 35% entre antes y después de las acusaciones.
Con esto se esfuma mi esperanza de una victoria fácil para Obama.
Mis apuestas anteriores también habían fallado. La visionaria Sarah Palin, que aparentemente nos asombró con su capacidad de poder ver Rusia desde su hogar en Alaska, era mi primera opción. Pero los millones que está haciendo en el circuito de discursos, la venta de sus libros y hasta un reality show fueron más tentadores.
Otro republicano que también me había entusiasmado y que brevemente tuvo su oportunidad fue Donald Trump. En sus 15 minutos de gloria política se obsesionó con la partida de nacimiento del presidente Obama, pero cuando tuvo que pasar a temas de relevancia nacional el pobre solamente pudo lucir su estrafalario peinado.
Cuando Michelle Bachman ganó una consulta electoral en Iowa también pensé que la representante y fundadora del caucus del Tea Party en el Congreso Nacional era la elegida. Pero llegó Rick Perry y ahora sí que estaba seguro que había encontrado mi candidato. Después de todo, estamos hablando del gobernador de uno de los estados más importantes del país. Pero en los debates se pudo ver la poca substancia del pobre hombre que parece más cómodo haciendo pantomimas que proyectando una imagen de estadista.
Así que sin estas luminarias que tienen en común que han contado en su momento con el apoyo del Tea Party y los sectores más conservadores del partido republicano, parece inevitable que Mitt Romney se perfile como la única alternativa del partido. Una alternativa que, en la matemática política de esta elección, es la más peligrosa para Barack Obama.
******
Néstor Fantini, Ph.D. (ABD), es un educador y periodista argentino de Los Angeles. Actualmente es miembro electo del Northridge East Neighborhood Council, City of Los Angeles, y editor de la revista literaria La Luciérnaga Online (la-luciernaga.com).











Pero hay que observar las reglas: