
Si hay algo que unifica a la mayoría de los candidatos presidenciales del partido republicano es su total oposición a una amnistía para los inmigrantes indocumentados. Para sorpresa de algunos, en el debate del martes 22 de noviembre, Newt Gingrich se distanció del discurso xenofóbico de los sectores más derechistas del partido y propuso un plan que normalizaría la situación de los 14 millones de indocumentados que residen en Estados Unidos.
Gingrich, ex presidente de la Cámara de Representantes, hizo su anuncio en vísperas del Día de Acción de Gracias. Un feriado en el que se recuerda la tenacidad de los peregrinos que escapaban la intolerancia religiosa y los aventureros que buscaban una vida mejor en la América de cuatrocientos años atrás.
El mismo sentimiento, se puede argumentar, que todavía traen los inmigrantes que continúan arribando a este país con sus sueños y que los transforma, en gran medida, en los herederos históricos de ese espíritu aventurero, emprendedor y valiente de los peregrinos del Mayflower.
Si bien esos tiempos históricos incluyen ejemplos de indígenas que vieron con resquemor el arribo de los europeos, también hay muestras de cooperación y aceptación como el ilustrado por los wampanoag de Cape Cod que ayudaron a la media docena de peregrinos que sobrevivieron su primer invierno en América.
Los indígenas les enseñaron a sembrar y a pescar, asegurando no sólo su sobrevivencia sino también proyectando en la historia una lección de tolerancia. Una lección que debería ser estudiada detalladamente por los nacionalistas, los conservadores y políticos oportunistas que ven con sospecha a los inmigrantes y promueven legislación que limita sus derechos fundamentales. Todo esto en base a elucubraciones xenofóbicas y racistas que demonizan al inmigrante transformándolo en el chivo expiatorio de los males de nuestra sociedad contemporánea.
Estos sectores no quieren aceptar que los inmigrantes documentados e indocumentados, una dicotomía irrelevante en materia económica y social, han hecho y continúan haciendo contribuciones fundamentales para el desarrollo económico, cultural y social de la nación. Por ejemplo, teniendo en cuenta que en 2011 la tasa de fertilidad en Estados Unidos es del 2.06%, sin la inmigración no se hubiese alcanzado el crecimiento del 2.1% que es el mínimo requerido para reproducir la población y evitar el envejecimiento de la pirámide demográfica que afecta negativamente a gran parte del mundo industrializado.
Además, hay que recordar que, antes que la ola xenofóbica contaminara estudios sociales, James Smith, de RAND Corporation, sugirió en su estudio "Los nuevos americanos: efectos económicos, demográficos y fiscales de la inmigración" que los inmigrantes en la década de 1980 hacían un aporte de $10 mil millones de dólares anuales a la economía. Y demoliendo un argumento usado por muchos, Roger Lowenstein en su trabajo "La ecuación de inmigración" concluyó, en 2006, que los inmigrantes no les quitan el trabajo a los nacidos en el país ya que, estadísticamente, están en empleos que no hubieran existido si ellos no hubiesen inmigrado.
Aún más, de acuerdo a un análisis de NAS, un inmigrante promedio paga $80,000 más a lo largo de su vida que lo que recibe del gobierno en beneficios. Otro estudio, del CATO Institute, concluyó en 2009 que la legalización de los indocumentados resultaría en un incremento del PBI de $180 mil millones, a lo largo de 10 años.
Si bien Gingrich, ya sea por cálculos electorales o convicción ideológica, flexibilizó su posición en materia de inmigración, la mayoría de los otros candidatos parecen endurecer cada vez más sus posturas. Mitt Romney dice claramente que está en contra de cualquier tipo de amnistía dejando en el limbo económico, político y social a 14 millones de hombres, mujeres y niños. Michele Bachmann afirma que son "una amenaza a la economía y a la seguridad" y que se debe construir un muro "en cada milla, cada yarda, cada pie, cada pulgada" de la frontera con México. Aún más escandaloso fue el comentario de Herman Cain quien sugirió que se construya una cerca en la frontera de "20 pies de alto, con alambre de púa... electrificada".
Los ilustres candidatos republicanos y, por extensión, sus seguidores xenofóbicos deberían recordar que sus ataques, sus palabras incendiarias, su incapacidad de aceptar a aquellos que llegan al país sin documentos, sin posesiones, cruzando aguas peligrosas y desiertos, son en realidad ataques, en una transposición de tiempos históricos, al espíritu de los peregrinos que fundaron esta gran nación.
******
Néstor Fantini, Ph.D. (ABD), es un educador y periodista argentino de Los Angeles. Actualmente es miembro electo del Northridge East Neighborhood Council, City of Los Angeles, y editor de la revista literaria La Luciérnaga Online (la-luciernaga.com).











Pero hay que observar las reglas: