Por Cinthia González
Pulso de Boyle Heights
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Alguna vez, todos llegamos tarde a clases o corrimos para ganarle a la campana y evitar el registro de llegada tarde o un castigo. Sin embargo, hoy llegar tarde a clases tiene consecuencias mucho más graves.
Conforme a la ley de confinamiento escolar de Los Ángeles, los jóvenes que no se encuentren en clase durante el horario escolar son detenidos y se enfrentan a multas de 250 dólares. Luego se les exige comparecer ante el tribunal acompañado por uno de los padres o el tutor legal. Estos castigos por "ausentismo escolar", cuyo objetivo es mantener a los estudiantes en el salón de clases, lo que en realidad logran es un ambiente hostil hacia los estudiantes y representan una carga económica para las familias de bajos ingresos.
En la Escuela Preparatoria Theodore Roosevelt, donde yo estudio, la policía detenía con frecuencia a los estudiantes que corrían para no llegar tarde por la mañana, aunque solo tuvieran un retraso de 10 minutos. Muchos creen que estas medidas son contraproducentes.
Gracias a la presión ejercida por padres, estudiantes y organizadores de varios grupos de la comunidad y organizaciones de derechos civiles sin fines de lucro, el Departamento de Policía de Los Ángeles (LAPD) realizó en abril algunos cambios en la forma en que hacía cumplir la ley sobre el confinamiento escolar. Como resultado, se les ordenó a los agentes lo siguiente: no realizar controles de ausentismo escolar durante la primera hora de clases, preguntar a los estudiantes si tenían justificación antes de multarlos y dejar de emitir multas dentro del predio escolar o en las inmediaciones. La Policía Escolar de Los Ángeles también adoptó recientemente proce-dimientos semejantes.
Si bien las nuevas políticas representan un paso en la dirección adecuada, la ley de confinamiento escolar continúa todavía en vigor, por lo que permite realizar controles de ausentismo escolar. Esto significa que todavía existen circunstancias en las que los estudiantes son detenidos y transportados en un auto patrulla, y luego deben enfrentarse tanto a multas altas como al sistema judicial.
Recientemente, el concejal Tony Cárdenas de la ciudad de Los Ángeles, propuso una enmienda a la ley de confinamiento escolar, con el apoyo del concejal Bernard Parks, que eliminaría las multas para aquellos que recibieron citaciones por ausentismo escolar. El concejo municipal considerará esta enmienda en noviembre.
Cárdenas y Park sostienen que estas multas representan una pérdida de tiempo y dinero para los estudiantes y sus padres, y también manifiestan su inquietud ya que los jóvenes latinos y afroamericanos son los que más reciben las multas.
Los estudios de investigación de Community Rights Campaign, un grupo que genera ideas y pone en práctica medidas con sede en Los Ángeles, indica que el 88% de las 47,000 multas emitidas por LAPD y el Departamento de Policía Escolar de Los Ángeles entre los años 2004 al 2009 fueron a estudiantes afroamericanos y latinos, aunque dichos estudiantes representan solamente el 74% del cuerpo estudiantil. Para estos estudiantes no se trata solamente de una multa, son sus primeras experiencias negativas con la policía y el sistema judicial. Esto genera el "viaje de la escuela a la prisión", como lo definen los opositores a estas medidas. Los estudiantes no pueden mejorar su desempeño académico si un pequeño error, como el hecho de llegar tarde, se trata como un delito.
Desafortunadamente, fui testigo de estas situaciones en la Escuela Preparatoria Theodore Roosevelt. La cafetería se convirtió durante un tiempo en un centro de procesamiento de los estudiantes que la policía detenía por haber llegado tarde.
Irma Galicia, estudiante del 12º grado, recuerda claramente esta escena. Cuando era alumna del 9º grado recibió una multa, a pocos pasos del portón de entrada de la escuela, tan solo unos minutos después de haber comenzado el horario escolar. "Nos dijeron que debíamos pararnos junto al cerco y caminar hacia la escuela en una sola fila", recuerda. "En ese momento me sentí como una delincuente".
Después del cambio efectuado en la política de LAPD en el mes de abril, las autoridades escolares comenzaron a valerse más de los castigos, en vez de la policía, como forma de reforzar el confinamiento escolar y evitar el ausentismo escolar. Los maestros y el personal escolar son los responsables de supervisar los castigos. La asistencia ha mejorado levemente en la Escuela Preparatoria Roosevelt, lo que demuestra que multar a los estudiantes no era una medida disciplinaria exitosa.
El concejo municipal debe darle carácter permanente a la enmienda a la ley de confinamiento escolar propuesta por Cárdenas, para eliminar así las multas por ausentismo escolar. De todas formas, todavía se pueden hacer más cosas. "Necesitamos más consejeros, no policías, más maestros, no multas", según Community Rights Campaign, la campaña a la que me he unido para luchar contra la actual política antiausentismo escolar. Los estudiantes necesitan que la escuela les enseñe a manejar mejor las llegadas tarde y los ayude a identificar y analizar el problema de fondo. Los estudiantes necesitan tener un lugar seguro donde los escuchen, porque para ellos la escuela es su segundo hogar.
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Cinthia González, además de ser periodista del equipo del Pulso de Boyle Heights, también es miembro de Community Rights Campaign del Labor/Community Strategy Center cuyo objetivo es reformar la ley de confinamiento escolar vigente en la ciudad.











Pero hay que observar las reglas: