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Categorías: Estados Unidos

Octavio Estévez: historia del hombre que espera un milagro

Published: 24/12/11 a las 10:20AM
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"Creo que desde niño fui marcado por la tragedia, pero me he sobrepuesto a la adversidad. La vida me ha dado muchos sinsabores pero aún así, me considero afortunado porque tengo esperanzas. Mi corazón no tiene lugar para rencores". Así se expresa Octavio Estévez, el desamparado que necesita urgente un trasplante de riñón y que, por su enfermedad vive en un refugio junto a dos tiernos hijos y su esposa.

En víspera de Navidad fuimos al encuentro de Estévez hasta el refugio localizado en el 115 de Henwood Place, entre la calle 176 y Grand Concourse en El Bronx pero debido a regulaciones "expresas" no le fue permitido recibirnos en su habitación por lo que la entrevista fue desarrollada en el exterior del edificio.

El caso de Estévez –un estadounidense de origen dominicano- atrajo la atención esta semana cuando se conoció su dramática situación: Un hospital neoyorquino desestimó ponerlo en la lista de espera para un trasplante, sencillamente porque carecía de una vivienda estable.

El padre de familia padece de una afección renal en estado terminal, sus riñones sólo trabajan en un 24 por ciento. Imposibilitado de trabajar y en consecuencia de pagar la renta fue desalojado del apartamento donde vivía en Washington Heights y desde hace 8 meses vive en un refugio.

"Mi padre me nombró Octavio como él, mi madre se llamaba María del Carmen Jiminien. Yo era uno entre los 11 hijos. Vivíamos en Santiago de los Caballeros", narra Octavio sus memorias en República Dominicana.

"Al morir mi madre, mi padre se casó otra vez y procreó 9 hijos más, en total éramos 20 hijos.

Ya se imagina usted como era la vaina", continúa desgranando su vida mientras pierde su mirada entre los edificios del vecindario".

Octavio cuenta que a fuerza de la necesidad ya a los 11 años era un experto sastre. "Como era pequeño, ponía un banquito para poder alcanzar la máquina de coser. Empecé pegando botones y terminé haciendo camisas y pantalones. Era una factoría donde trabajaban mis hermanos mayores".

A los 16 años su padre lo llevó a trabajar a la zona franca industrial de San Domingo y casi de inmediato fue designado supervisor de producción y control de calidad por su habilidad en la confección de todo tipo de vestimenta.

"Tenía casi 17 años cuando cerca de Navidad yo llevaba mi aguinaldo en los bolsillos. Fui asaltado, recibí cinco puñaladas. Un amigo me llevó en moto y entré al hospital caminando bañado en sangre".

Octavio cuenta que los médicos se asombraron de que haya sobrevivido a tan graves heridas.
Recuerda que llegó a Nueva York un 24 de octubre de 1984 y que recibió la visa un 18 de octubre, el día de su cumpleaños. Se hizo ciudadano de Estados Unidos en 1992.

"Mis padres que habían emigrado a Estados Unidos lograron traerme con visa. Trabajé en mi oficio de sastre desde que llegué. Siempre quise darle a mi familia una suerte distinta a la mía".

Octavio trabajó hasta casi el año 2000 en el Distrito de la Moda de Nueva York hasta que el trabajo en las factorías se fue a pique al punto que tuvo que emigrar a buscar empleo en Georgia.

Las cosas empezaban a ir bien para Octavio y pensando mudar a su familia a Georgia junto a él, un día recibe la mala noticia de que Socorro Estévez, su hija mayor que tuvo en su primer matrimonio, había sido asesinada.

"Tenía 22 años, era mi adoración. Se había unido a un hombre, tuvieron un hijo, pero como le daba mal trato, se quiso separar de él. Había solicitado orden de protección pero hubo negligencia de la ciudad. Nunca atendieron su pedido", cuenta apesadumbrado Octavio.

"Yo no sé con qué fin nací en la vida, he sufrido demasiado", confiesa Octavio y agrega, "desde entonces he sufrido tres derrames, una época anduve en silla de ruedas, tuve medio cuerpo paralizado. Hasta hoy camino con dificultad y hablo con dificultad".

Octavio sufre de diabetes y alta presión, como secuela de múltiples afecciones tiene complicaciones en el páncreas y el sistema renal, éste último lo más grave y por lo cual requiere un trasplante.

"Yo creo que estoy listo para mi viaje final. Mi sufrimiento lo he pagado en vida; siento que he cumplido mi misión. He contado al mundo mi historia, no me avergüenzo de nada", sostiene con resignación Octavio.

Los ojos lo traicionan y Octavio llora cuando pide por la seguridad de su familia: su esposa Paula Flores y sus hijos Adrianny de 6 años, Gabriel de 4 años.

"Yo creo que la ciudad no puede fallarme dos veces", invoca Octavio y explica, "mi hija murió por negligencia de la ciudad. Ahora yo pido que no me deje morir. Tengo aún mucho por hacer por mis hijos".

Cada 15 días Octavio asiste al hospital para controlar la evolución de su enfermedad y en particular el estatus de su sangre. Cuando su caso salió a la luz, el hospital decidió ponerlo en la lista de espera para trasplante, de donde fue removido por "carecer de una vivienda estable".

El Nueva York-Presbyterian Hospital a través de un vocero que no quiso ser identificado dijo que Estévez puede recibir un trasplante incluso si está en el albergue para desamparados, un giro total a su posición inicial.

La Autoridad de Vivienda de la Ciudad de Nueva York (NYCHA) se contactó esta semana con Estévez quien ha venido solicitando un apartamento ante esa agencia desde 2009.

"El miércoles vinieron en la noche dos trabajadores sociales de NYCHA y me pidieron una serie de documentos. Me dijeron que estaban trabajando en el caso", ojalá y ocurra un milagro", dice Octavio Estévez.

"Yo no creo en la iglesia de los hombres, ni tampoco sigo religión alguna, Estoy convencido que hay un ser superior, que todo lo puede y es justo".

Una comisión de funcionarios electos presididos por el concejal Ydanis Rodríguez, el senador estatal Adriano Espaillat, la concejal Anabel Palma y la vocera del concejo Christine Quinn se comprometieron a interceder para que Octavio Estévez pueda obtener un apartamento para su
familia.

Estévez concluye diciendo, "hacerle el bien a quien lo necesita es la mejor riqueza que podemos tener como humanos. Cuando vayamos a la tumba, no nos llevaremos nada, sino la satisfacción de haber hecho el bien".
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2 comentarios Comenta aqui

turrucares1

8:01PM 12-24-2011

Octavio Estévez: historia del hombre que espera un milagro: Por dicha el es ciudadano de EEUU y se puede ver que hay gente, tratándolo de ayudarlo en su problema. Si estuviera en un país latinoamericano sus oportunidades fueran casi 0. Cuanta gente necesita un riñón y no tiene casa en el mundo y aquí en EEUU. Porque los escritores no nos dan datos de la cantidad de personas que están en este mismo problema, y tratamos de hacer algo para resolverlos. Solamente hacen su trabajo de un periódico amarillista usando a veces tácticas comunistas y difamatorias para EEUU
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EL Cubanito

6:16PM 12-26-2011

Gallinita el ejemplo empiesa por tu casa, porque en vez de estar vociferando baba no te pones en fila para ver si tu le puedes donar el rin~or que necesita este pobre hombre.Siempre habla el que menos puede.
Espero que este buen hombre encuentre a alguien que le done un rin~on y que ese sea su mejor regalo en esta navidad.Felicidades para todos incluyendote a ti agilita.
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