
Aunque el escenario y los actores cambien, la guerra cultural para conquistar el "alma de América", como la definiera dos décadas atrás el ultraconservador Pat Buchanan, continúa con una nueva generación de conservadores aún más xenofóbicos e intolerantes que los de entonces.
El último ejemplo lo tuvimos en San Luis, Arizona, un pequeño pueblo de la frontera en donde a una candidata al consejo de gobierno de la ciudad se la removió de la boleta electoral porque no habla bien el inglés.
Se trata de Alejandrina Cabrera, una activista de San Luis que lideró campañas para remover al alcalde Juan Carlos Escamilla después que éste incrementara las tarifas de los servicios públicos y despidiera a una docena de empleados municipales. Como sus intentos fracasaron, Cabrera decidió nominarse para las próximas elecciones.
La respuesta de sus enemigos políticos fue acusarla de que no habla ni escribe bien el inglés que, de acuerdo a las leyes de Arizona, es un requisito indispensable para ejercer la función pública.
Un juez ordenó que un experto en lingüística, el doctor William Eggington, de la Universidad de Brigham Young, en Utah, le administrara una prueba para determinar su idoneidad para el cargo. El resultado no fue satisfactorio y, como consecuencia, el juez John Nelson dictaminó que Cabrera no podía participar en la elección.
Cabrera se quejó que en la prueba tuvo problemas para entenderle al doctor Eggington. Nada sorprendente si se considera que el profesor es australiano y, a veces, cuando hay que ver una película de ese país se necesitan subtítulos para descifrar lo que se dice en ese inglés tan acentuado.
Es más, este problema de hablar español y poco inglés no ocurre en una comunidad de Dakota del Norte o Idaho sino que en San Luis que, de acuerdo al censo de 2000, tenía una población de 15,000 en la que nada menos que 90% son latinos. Una población en la que, como dice Cabrera, se habla español en el mercado, en el médico, en el banco; en definitiva, en todos lados.
Pero a pesar que Cabrera es una ciudadana estadounidense que se graduó de una preparatoria de San Luis, a pesar que vive en un mundo latino y que si es necesario se cuenta con la tecnología apropiada para hacer interpretaciones simultáneas, a pesar que la mujer es una persona con vocación cívica; las fuerzas que defienden la uniformidad y se asustan de la diversidad cultural, bloquearon su nominación.
Son las mismas fuerzas, herederos de los Buchanan de otras épocas, que se regocijan cuando algún estado aprueba legislación imponiendo el inglés como idioma oficial. Los mismos que aplaudieron cuando un conductor de autobús escolar, en Colorado, les prohibió a los estudiantes que hablen en español durante el viaje; o cuando un estudiante, en Kansas City, fue suspendido por hablar en el pasillo con sus amigos en ese idioma; o cuando una maestra cacheteó a los alumnos que se atrevieron, en Scottsdale, a hablar en el idioma extranjero.
La ironía es que San Luis, Arizona, es el pueblo en donde murió, en 1993, César Chávez, el legendario líder latino e indiscutible figura histórica nacional del movimiento de derechos civiles. El mismo Chávez al que cuando niño, como sugiere su biografía, los chicos en la escuela le hacían burla por su acento, le decían "mexicano sucio" y la maestra le pegaba cuando hablaba español.
Cabrera apeló la decisión judicial, pero en Arizona las posibilidades de que su caso marche adelante son casi nulas. Después de todo, este es el estado en donde gobiernan intolerantes como Jan Brewer y maniáticos como el sheriff Joe Arpaio; estos son tiempos de la SB 1070 y de la prohibición de enseñar historia mexicoamericana. En definitiva, un momento histórico en Arizona en el que marchan soldados con las banderas de la guerra cultural de Buchanan que, en su miopía política, interpretan el crecimiento demográfico latino, su cultura y su idioma, como una amenaza mortal a las instituciones de la nación.
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Néstor Fantini, Ph.D. (ABD), es un educador y periodista argentino de Los Angeles. Actualmente es miembro electo del Northridge East Neighborhood Council, City of Los Angeles, y editor de la revista literaria La Luciérnaga Online (la-luciernaga.com).











Pero hay que observar las reglas: