
Julián Mendoza tiene apenas diez años, pero ya ha despertado la admiración de sus maestros, padres de familia y amigos que lo rodean. Su entereza, pasión, interés en sus estudios y amor por los demás es parte natural de su diario vivir, a pesar de que sabe tiene una deficiencia renal que le puede arrebatar la vida en cualquier momento y que lo ha llevado a nueve cirugías mayores.
"Nada lo detiene en sus sueños", cuenta su madre, que recuerda que en un ultrasonido que le hicieron cuando Julián estaba en su vientre se determinó que el niño ya estaba enfermo antes de nacer. "Yo sentí que desde ese momento mostró su valentía y amor por la vida".
A las veinticuatro horas de haber nacido tuvo que ser operado por primera vez. Su estado de salud era tan grave que sus padres se vieron obligados a bautizarlo de urgencia.
Durante tres años Julián estuvo en emergencias constantes a raíz de un reflujo renal que le impedía comer, gatear, caminar, sentarse o acostarse boca bajo. Pero el niño mostraba ansias de vivir.
A pesar de sus constantes visitas a hospitales y salas de operación, Julián entró a la escuela y ha sido capaz de progresar igual o mejor que los demás estudiantes.
Hoy, Julián cursa el quinto grado en la Escuela Primaria César Chávez, ubicada en la zona sur de Phoenix, Arizona, en donde la gran mayoría de los alumnos son hispanos inmigrantes.
Algunos de sus compañeros ya no están con él: los han enviado a hogares sustitutos porque sus padres fueron deportados. Él es un gran observador y con frecuencia pregunta a sus maestros y a sus padres por qué sus amigos tienen miedo, por qué lloran, por qué ya no van a la escuela, por qué hay padres de familia que llegan de repente y sacan a sus hijos de la escuela con lágrimas en los ojos y por qué hay niños que no pueden ir a ver a sus abuelitas a México.
No entiende lo que pasa, pero sabe que sus amigos le hacen mucha falta.
La sensibilidad de Julián lo llevó a buscar la forma de expresar sus inquietudes.
Encontró que por medio de la escritura e informándose mejor puede ir más allá de lo que ve y de lo que le enseñan. Quiere ser periodista para que su opinión sea tomada en consideración y para ayudar así a sus amigos. "Sólo quiero que otras personas sean felices", escribe.
Julian lee mucho; una de sus novelas favoritas es "Harry Potter". Dice que él es mago también: "Estar vivo y salir adelante con mi enfermedad es como un acto de magia".
El joven "mago Julián", de mirada nostálgica y grandes ojos negros, tiene un alma vieja llena de sabiduría; vive sin complejos a pesar de que todos en la escuela saben que tiene una cuidadora de planta que cada dos horas, al sonido de una alarma, lo lleva al baño porque si no lo hace, su riñón podría reventar.
"Julián tiene algo especial; no tiene malicia, es tierno y le gusta que todo esté tranquilo y que nadie esté triste... es muy buen niño", opina la directora de su escuela, la señora Rodríguez.
La vida de Julián está condenada a mantenerse atado a los hospitales y este año no fue la excepción. Al comenzar 2012 lo sometieron a una cirugía por una hernia umbilical. No se dejó vencer; por el contrario animó a sus padres: "No se preocupen, ya es la novena vez... ¡yo ya soy campeón en esto!"
Sus padres no pierden las esperanzas de que su campeón gane la batalla y todos los días le piden a Dios por un trasplante. "Luchamos y salimos adelante, a pesar de no tener recursos. Nuestros tres hijos, Javier, Julián y Sei son lo más importante para nosotros". El verano pasado Julián fue seleccionado para asistir a un campamento de niños con asma, otro padecimiento del que sufre. "Estuvo allí una semana y le fascinó ser independiente. Los médicos comentaron que nunca habían visto un niño como él, que no es como cualquier niño de diez años. Otra vez "el mago Julián" hizo magia con los que lo rodean.
Julián ha enseñado a sus padres a ganar batallas, a estar informados sobre política, a ayudar a la comunidad, a amar a "Sammy", su hámster.
Es amable y detallista, se preocupa por todos y agradece a la vida estar vivo. Julián Mendoza es un guerrero y un conquistador. Ha vencido todas la batallas desde que estaba en el vientre de su madre y no hay nada que le impida seguir adelante y ser el mejor en la vida.
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Victoria Ramírez Ortiz es originaria de la Ciudad de México. Tiene 17 años en el ejercicio del periodismo. Fue directora de Medios y Relaciones Públicas en la "Asociación de Radiodifusores del Distrito Federal". Durante tres años fue titular en los programas comunitarios "Su palabra" y "Cuéntamelo" en Radio Trece. En 1996 Victoria fue contratada por Radio Mil para conducir la revista informativa "Rompiendo el Silencio". En 1998, Radio Noticias 14:40am la incorporó a su noticiero de dos horas "Dímelo sin miedo", a nivel nacional, como directora y conductora. Representó a 14:40am y al Grupo radial FIRMESA en eventos como La Cumbre del Milenio, APEC, Cumbre de Monterrey y Seminario de Economía en Israel, entre otros. Paralela a esta actividad, Victoria ocupó el cargo de Directora de Relaciones Públicas Oficiales y Prensa del Sindicato de Trabajadores Técnicos y Manuales de la Producción Cinematográfica durante cinco años. Vive en Phoenix, Arizona, EE.UU., desde 2003 donde fue contratada por el periódico La Voz como Directora de Relaciones Públicas y Comunitarias, y como redactora encargada de la Sección de Negocios. La "National Association of Hispanic Journalists" le ha otorgado siete preseas por su labor en La Voz. Desde hace cinco años Victoria Ortiz es presidenta de VO Community Liaison, publica la columna "Coincidir" en La Voz de Phoenix e imparte talleres en las escuelas del área en donde, utilizando técnicas periodísticas, motiva a los alumnos sobre la importancia de la información como vía para superarse y alcanzar los niveles superiores de educación.










