
LOS ANGELES, California.- ¡Ya quiero que me dejen en paz! ¡Ya no aguanto más la presión de esta pesadilla! clamó Ramiro Fonseca, un mexicano de 64 años de edad que fue erróneamente deportado de Estados Unidos en agosto de 2009, aun siendo residente legal permanente desde 1971. Su odisea concluyó finalmente.
Aun cuando las autoridades de la Agencia de Inmigración y Naturalización aceptaron haber cometido un error en la deportación del hombre y a que la jueza de inmigración, Joyce Bakke Varzandeh dictaminó el pasado 3 de febrero el fin de los procedimientos en su contra, el ICE había advertido que se reservaba el derecho de apelación y que buscaría la remoción definitiva.
Sin embargo, después de una conferencia de prensa y ante la presión publica sobre el caso, las autoridades migratorias declinaron impugnar la decisión.
"La jueza de inmigración ha terminado el caso del señor Fonseca en una moción presentada por sus representantes legales. Después de una cuidadosa deliberación, [la agencia de] Inmigración y Aduanas (ICE) ha decidido no apelar la decisión del juez", dijo Virginia Kice, portavoz de ICE.
La abogada Jessica Domínguez, quien litigó el caso, lloró de emoción al conocer que ICE decidió no buscar la expulsión del país del inmigrante mexicano.
"Este caso nos impresionó por la edad y las enfermedades del señor Fonseca", dijo la abogada.
BUSCABAN AL HOMBRE EQUIVOCADOFonseca, nacido en Tamazula, Jalisco, fue deportado el 5 de agosto de 2009 a Tijuana. Agentes de ICE llegaron ese día a su hogar, aproximadamente a las 6::30 de la mañana, en la ciudad de Ontario.
Los oficiales dijeron al sexagenario que lo arrestarían porque tenía una orden previa de deportación de 1996, presuntamente porque había sido detenido por traficar marihuana.
En realidad, era otro Ramiro Fonseca el traficante de drogas.
"El señor Ramiro nunca ha cometido ningún crimen", expuso la abogada Jessica Domínguez. "Nosotros confiamos en que ICE nos llamará para indicarnos que han desistido de apelar la decisión de la juez".
Fonseca es residente permanente de Estados Unidos desde 1970, gracias a una petición hecha en su favor por su esposa, quien es ciudadana estadounidense.
"Desde que me arrestaron, acabaron con mi vida", dijo Ramiro. "¡Vámonos, te tienes que ir con nosotros!".
El hombre mexicano aseguró que desde su deportación no ha dejado de llorar la amarga experiencia sufrida.
"Estoy enfermo; sufro de diabetes y alta presión, todo a raíz de la injusta detención", dijo. "¡Quiero que ya me dejen en paz! "¡Ya no aguanto la presión!".
Ramiro ha vivido por más de 39 años en Estados Unidos y nunca ha cometido ningún delito criminal.
Su trabajo siempre fue estable: duró mas de 25 años trabajó para la empresa Sunkist, en la producción de jugos, hasta su jubilación en 2002. Nunca tuvo problemas.
'ME TRATARON COMO A UN ANIMAL': FONSECA
"Me trataron como a un criminal, como a todos los que deportan", agregó. "¿Que más puedo decir?...fueron muy déspotas", comentó sobre el trato recibido por parte de ICE.
El mexicano narró que cuanto tocaron a la puerta de su casa, se asomó por una rendija y alcanzó a notar las placas de los agentes de inmigración.
"Abrí la puerta porque no tenia nada que esconder y cuando me preguntaron si yo era Ramiro Fonseca les dije que sí", narró. "Les mostré mi "green card"; enseguida se la echaron a la bolsa y también se guardaron mi licencia". El inmigrante mexicano fue notificado de inmediato que lo andaban buscando por contrabando de drogas, un delito que presuntamente él había cometido en 1996.
"Tienes 5 minutos para arreglarte, nos vamos", fue la orden recibida por parte de los agentes.
"¡Yo no soy a quien ustedes buscan!", imploró Ramiro. Sus ruegos no fueron escuchados. Fue transportado a un centro de detención en San Bernardino, donde le tomaron sus huellas dactilares.
El sexagenario hombre sobrevivió en Tijuana, gracias a un samaritano que lo llevó a un hogar humilde en los cerros marginados de esa ciudad fronteriza.
"Me bañaba con una jícara de agua, las sillas eran unos botes de plástico y dormía en el suelo", comentó. "Llegué a pensar tanto esfuerzo en la vida y tanto trabajo no me sirvió de nada".
El mexicano acudió al consulado estadounidense en Tijuana, y, de nuevo, nadie quiso saber de su historia.
Se jugó el todo por el todo y, con una "mica" falsa se presentó ante las autoridades aduaneras estadounidenses, a quienes les dijo que no era suya y que solamente necesitaba que le escucharan.
Una oficial de aduanas le creyó; investigó los archivos y, efectivamente se dio cuenta que el hombre a quien había deportado ICE no era el mismo Ramiro Fonseca.
"Esto ha sido una pesadilla", declaró. "Me sacaron erróneamente".
De hecho, el mismo agente de ICE que lo arrestó se disculpó con Ramiro Fonseca, y le dijo que él solamente estaba cumpliendo con su trabajo, aun cuando se haya equivocado de hombre.
Finalmente, agentes aduanales permitieron la entrada legal de Ramiro Fonseca a Estados Unidos, a quien le otorgaron un permiso temporal. Casi de inmediato le llegó la notificación de presentarse ante un juez de inmigración.
"El caso de Ramiro es más común de lo que se pueda creer", dijo Jorge Mario Cabrera, portavoz de la Coalición Pro Derechos de los Inmigrantes de Los Angeles (CHIRLA). "ICE debe revisar sus procedimientos, mismos que no les da el derecho de violar los derechos civiles cometer este tipo de torturas contra las personas".
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