
Que levante la mano el que no esté harto de las campañas políticas. No importa de qué lado del Río Bravo viva usted, este 2012 pinta para ser un interminable desfile de rostros de políticos que desde los televisores, los sitios de Internet, la propaganda que llega a casa y la que se pone en las calles, nos lanzarán sus sensuales miradas y sus fingidas sonrisas, sus peinados bigotes y sus coquetas pestañas, para convencernos de darles nuestro voto.
Parece un sino inevitable que, estoicamente, todo ciudadano debe soportar en aras del ejercicio de la democracia. Sin embargo en México un grupo de ciudadanos ha decidido agarrar al toro por los cuernos, o al político por la propaganda, y apropiarse de la inundación de basura electoral callejera para recuperar espacios y exigir que, en vez de caras bonitas y cabezas bien peinadas que generan contaminación visual, los candidatos hagan propuestas concretas que ayuden a mejorar la situación que se vive en ese país.
La propuesta se llama Quita un Anuncio, y es sencilla: Que cada quien adopte su calle y quite uno o varios de estos anuncios de propaganda política.
La iniciativa, promovida por el activista Jesús Robles Maloof y que ha tenido una amplia respuesta en redes sociales, hace una reflexión no sólo sobre el uso de estos materiales electorales que tienen como fin el posicionamiento del nombre y el rostro del candidato en lugar de la difusión de sus propuestas, sino de la permanencia de pendones, bardas pintadas y calcomanías en el espacio público durante meses, e incluso años después de que las elecciones han pasado.
"Caminando por la calle cerca de mi casa, encontré un pendón de lámina colocado ahí hace 10 años. Testigo de la vida de mis vecinos, nadie lo ha podido o querido quitar. Significa la normalización del desorden. La semana pasada conduciendo por diferentes avenidas de la ciudad, entendí que quienes aspiran a un cargo de representación popular, no tienen límites es la carrera por la saturación. Pendones y mantas, en árboles, áreas verdes, semáforos, postes del trolebús, domicilios particulares... etc. Dicen que en la guerra y en el amor todo se vale, imaginemos como gobernarán", menciona el activista en su blog.
En días pasados, autoridades de la Procuraduría Ambiental del Distrito Federal informaron que más de 6,000 anuncios de este tipo se colocaron en lugares prohibidos y de acuerdo con Robles Maloof, 96% de la propaganda colocada por los partidos políticos incumple con la ley. Así que poniendo manos a la obra, decidió poner a circular una Guía ciudadana para quitar un anuncio, que orienta a los interesados sobre qué establece la ley en términos de colocación de propaganda electoral, en dónde se pueden colocar estos carteles y en dónde no, e invita a todo el que la lea a quitar un anuncio y subir la foto del antes y después a la red.
El propio activista ayer hizo lo propio y este es el resultado:


¡Ah... sí con la misma facilidad se pudiera poner y quitar a los candidatos que no cumplen con sus promesas de campaña una vez que llegan al gobierno!
Durante las últimas horas la iniciativa ha alcanzado popularidad a través del hasthag de Twitter #QuitaUnAnuncio, en donde se pueden encontrar cientos de fotografías de ciudadanos que, bajo este lema, han tomado en sus manos la recuperación de los espacios públicos.
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Eileen Truax nació en la hermosa Ciudad de México. Es periodista y bloguera, pero sobre todo chilanga hasta el tuétano. Aprendió a leer a los tres años y después a escribir; lleva toda la vida atrapada en ello. Durante quince años ha sido reportera de temas políticos y sociales en los dos lados del Río Bravo. Metiche sin remedio, viviendo en México fue a ver qué había del otro lado de la barda y decidió quedarse un rato en Los Ángeles. En esta ciudad trabaja para el diario La Opinión y mantiene con vida a su pequeña productora de documentales, Malaespina Producciones. Eileen es autora del blog "Migrantes", en el diario mexicano El Universal y es amante de la música, el cine y los tacos al pastor. Por cierto, aún no encuentra en Los Ángeles unos como le gustan; se aceptan recomendaciones.











Pero hay que observar las reglas: