
Hace menos de una semana se cumplieron 53 años del golpe de Estado "invisible" que cambió el curso de la historia de Cuba, y que paradójicamente casi nadie conoce, o recuerda, pues los medios oficiales castristas lo ignoran olímpicamente.
El 13 de febrero de 1959, aunque con fecha 7 de febrero --salió de la imprenta la Gaceta Oficial de Cuba con la "Ley Fundamental" que derogó y suplantó a la Constitución vigente en la isla desde 1940 y convirtió en jefe de gobierno a la figura del primer ministro –que Fidel Castro iba a ocupar tres días después--, en vez del Presidente de la República, que quedó sin poder alguno, con funciones sólo protocolares. Igualmente abolió el Congreso y pasó al Consejo de Ministros la facultad de redactar y aprobar las leyes de la nación.
Aquel documento fue redactado por el propio Castro --quien un mes antes había entrado triunfante en La Habana con su ejército rebelde -y además de constituir en la práctica un golpe de Estado, evidenció para muchos que al ex "gatillo alegre" de las pandillas habaneras de una década atrás no se le podía tomar en serio lo que prometía. Desde la Sierra Maestra, envuelto en la imagen de rebelde romántico, demócrata y heroico que de él había lanzado el diario The New York Times (con la entrevista que le hiciera "in situ" Herbert Mathews), Castro había prometido a través de la radio rebelde en las montañas que luego del derrocamiento de Batista se iban a convocar elecciones para elegir al nuevo Presidente del país y refundar una república moderna, plural y democrática basada en la Constitución de 1940, una de las más avanzada de Latinoamérica a mediados del siglo XX en materia social.
Pero ya instalado en el poder hizo otra cosa. Desde el 1 de enero de 1959 Castro estaba dirigiendo tras bambalinas el país como Comandante en Jefe del Ejército Rebelde, pero sin cargo oficial alguno, pues antes de la huida de Batista ya se había comprometido a designar como presidente provisional de Cuba al abogado Manuel Urrutia Lleó, magistrado de la Audiencia de Santiago de Cuba que defendió la causa de Fidel luego de su desastroso asalto a la fortaleza militar de aquella ciudad, en 1953.
O sea, Castro no podía llegar al extremo de destituir a Urrutia y autonombrarse presidente de la nación, sólo cinco semanas después del triunfo revolucionario. Habría quedado como un farsante sediento de poder y mentiroso en extremo. Tenía que cuidar su imagen de salvador de la patria y líder popular, para lo cual repetía a los periodistas que no iba a aceptar siquiera ser candidato a la presidencia en las elecciones por él prometidas en los próximos meses.
La salida que le dio Castro al asunto fue más potable y sofisticada, a lo Fouché: mantener a Urrutia como Presidente pero sin poder alguno, y asumir él oficialmente la jefatura del gobierno mediante la modificación del artículo 146 de la Constitución de 1940, que estipulaba que quien dirigía el gobierno era el Presidente de la República,. Así lo hizo, y al tomar posesión como primer ministro en forma "provisional", el 16 de febrero de 1959, el comandante de la Sierra pasó a ser el jefe del gobierno de Cuba por medio siglo.
Luego de 17 años de "provisionalidad" de aquella Ley Fundamental de 1959, Castro no convocó tampoco las elecciones prometidas y que aún estaban pendientes. Hizo aprobar otra Constitución, esta vez comunista, que le dio a Castro aún más poder institucionalmente hablando, pues le permitió no sólo concentrar en sus manos los cargos de Presidente del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros, sino que lo colocó por encima del Estado y del gobierno al establecer que el Partido Comunista de Cuba (PCC) es la fuerza rectora de la nación, con lo cual el cargo de Primer Secretario --"casualmente" en manos también de Fidel--, devino deidad terrenal todopoderosa. Y en esta Constitución Socialista, proclamada el 24 de febrero de 1976, vale la pena detenerse un poco. En 1975, mientras un grupo de periodistas hacíamos tiempo en el aeropuerto de La Habana en espera de la llegada de un alto dignatario de Europa del Este, cuyo vuelo se había retrasado un poco, tuve oportunidad de conversar informalmente (off of record) con Blas Roca, el líder históricos de los comunistas cubanos desde los años 30 , y miembro fundamental del Buró Político del PCC, quien presidía la comisión que estaba redactando la que sería nueva Constitución de Cuba.
Constituciones muy diferentes
Le pregunté cuál Constitución había sido más trabajosa y difícil de redactar, si la aprobada en 1940 en la que él había participado decisivamente, o la que estaba en sus retoques finales para ser aprobada en breve. Blas, que estaba acompañado de su esposa Dulce en el salón de protocolo del aeropuerto, con su sonrisa ancha y relajada habitual me respondió que las circunstancias de la confección de ambas constituciones habían sido muy diferentes. Me dijo que en 1940 cada párrafo o punto importante tuvo que ser negociado "larga e intensamente con los miembros burgueses" de la Asamblea Constituyente. "Sin embargo, –agregó– esta de ahora es más trabajosa porque no queremos copiar de nadie, pero a la vez tenemos que tomar en cuenta las constituciones y las experiencias de otros países socialistas; por ejemplo la de Checoslovaquia nos ha sido muy útil."
Aunque me dio algunos detalles de lo ocurrido 35 años atrás, Blas se cuidó de no mencionar algunos aspectos clave en los procesos constitutivos de ambas leyes de leyes. Su silencio era comprensible, pues al comparar el escenario político plural que hizo posible la Carta Magna de 1940 con el monocorde trasfondo político en el que se estaba cocinando la nueva Constitución salía muy mal parado el sistema de gobierno comunista.
Por solo dar un dato, para redactar la Constitución de 1940 fue elegida una Asamblea Constituyente integrada por 77 delegados de 9 partidos políticos, incluyendo seis delegados (Blas Roca entre ellos) de la Unión Revolucionaria Comunista, la organización política de los comunistas, que integraba la coalición de gobierno que encabezaba el presidente de la república, Federico Laredo Bru, del Partido Unión Nacionalista.
En cambio, la Constitución Socialista fue redactada por una comisión nombrada a dedo por Fidel Castro, quien designó a Blas Roca como su presidente. Esa comisión, integrada exclusivamente por miembros del Partido Comunista, el único permitido, además redactó secretamente el texto, que aprobado de manera fulminante en un plebiscito "a la Castro" se convirtió en la única Constitución marxista-leninista en la historia de las Américas. Dicho documento subió la parada a aquella Ley Fundamental de febrero 1959 que, en verdad, fue un golpe de Estado en virtud del cual se implantó en Cuba la dictadura dinástica de dos hermanos que aún hoy hacen sufrir a su pueblo.
VIDEOS DE CUBA Y FIDEL CASTRO:
******
Roberto Álvarez Quiñones . Periodista, economista e historiador cubano. Autor de siete libros de temas históricos, económicos y sociales. Trabajó como editor y columnista del diario "La Opinión" de Los Ángeles, de 1996 a 2008. Ex profesor universitario. Ex analista económico de la TV hispana en Estados Unidos. Ha impartido cursos de postgrado y conferencias en países de Europa y Latinoamérica . Ha recibido 11 premios de periodismo. Reside en el sur de California.










fabian pacheco casanova
8:45AM 2-20-2012